10 de Mayo de 2014
Una vez la abuela Carmen y Juani partieron hacia Alicante y nos quedamos solos, comenzamos nuestra luna de miel (la cuarta o quinta ya ) por Colombia.
Desde Quito y tras saludar a la familia Torres, tomamos un bus hacia la frontera con Colombia y dormimos en un agujero con pulguitas al lado de la terminal de buses que nos llevarían por la mañana a Popayán sin ver la magnífica catedral fronteriza.
Las rutas en el sur de Colombia son frecuentemente asaltadas, por lo que elegir la mejor hora y compañía fue esencial. Además, debido al paro agrario que ya duraba dos semanas en Colombia, muchas carreteras estaban sin paso…toda una aventura llegar a Popayán!
Ésta bien conservada ciudad colonial es una joya de calles empedradas, iglesias y amplias casas restauradas. Llena de vida por estudiantes y vendedores callejeros, la recorrimos admirando la arquitectura. Finalmente descansamos y por la mañana nos fuimos a unas termas en el bosque que estaban a solo 20 minutos, una buena manera de quitarse las pulguitas y renovarse.
Tras investigar qué rutas nos podían llevar en dirección al norte y aprovechar para ver algún lugar interesante, nos decidimos por Tierra Adentro, que como bien dice el nombre está alejada de todo en medio de un parque nacional en el Cauca. Llegamos por la tarde y nos quedamos en un hostal muy acogedor para disfrutar de una cena “muuuy vegetariana”, según nuestros enanos cocineros, porque no queríamos tomar salsa de tomate de bote.
Tierra Adentro es un centro arqueológico sagrado muy importante en Colombia, Patrimonio cultural de la humanidad, que data del año 600 d.c. y donde encuentras pinturas e hipogeos del grupo indígena Nasa. Para visitar los hipogeos (tumbas excavadas a bastante profundidad) hay que recorrer caminando una ruta por el bosque nuboso con una vegetación espectacular.
El siguiente destino fue Neiva, la ciudad donde vive Francenit, la experta en hongos que nos daría un curso intensivo y una rica cena hasta las 12 de la noche, cuando partimos en bus nocturno hacia Bogotá…Breve y muy productiva visita!
Ya en Bogotá, la familia Botero Holguín nos ofreció quedarnos en su precioso apartamento para salir al día siguiente temprano a Villa de Leyva, donde tienen una finca familiar. El día que pasamos en Bogotá fue intenso visitando la Candelaria y a la “mamá” colombiana de Oscar, en la casa donde vivió durante sus 6 meses de trabajo en 2010.
Así que a las 6 am Carolina nos tenía en marcha hacia Villa de Leyva, a unas dos horas y media de Bogotá. Un pueblo colonial con mucho encanto, balcones llenos de flores, calles empedradas y muy conocido como uno de los destinos favoritos en Colombia. Allí pasamos dos días magníficos en la impresionante casa de los Botero, donde nos cuidaron con mucho mimo y lo pasamos genial.
Aunque estábamos de maravilla, teníamos que proseguir ruta hacia San Gil, donde Carlos (piloto de globos) y Jackie nos esperaban para llevarnos a conocer un pueblito donde tienen casa colonial, Charalá, bastante tropical y tranquilo. Al despertarnos fuimos a desayunar a lo tipicamente colombiano y tomar fuerzas para la excursión a la cascada que nos esperaba…que buen baño en la cascada!
Ya de camino a Bucaramanga hicimos parada para conocer Barichara, con su barro rojo y sus piedras la iglesia de la Magdalena es quizás una de las más bonitas que hemos visto, curiosa porque está en pendiente y sencilla como ninguna. Memorable la comida vegetariana y la compañía de Carlos y Jackie, amigos de Oscar de su temporada en Colombia y de quienes nos despedimos tras ver la increible escuela que han creado en Bucaramanga.
La última noche de viaje en autobús, aleluya! y una de las mejores para dejar buen recuerdo, fue la que nos llevó hasta Santa Marta, ciudad caribeña y desde donde se llega al parque nacional Tairona. Este parque es una reserva natural donde sólo se llega caminando, no hay hoteles, excepto uno muy caro del Gobierno, sino varios sitios donde acampar (con cochones) o dormir en hamacas…un paraíso sin explotar!!!
El camino por dentro del bosque tropical es único, selva y mar se combinan y el calor es intenso, tanto que te sudan hasta las pestañas! Al llegar a una playa a la que llaman “la piscina” y encontrar un sitio donde nos alquilaban una tienda de campaña frente al lago de los caimanes, decidimos quedarnos. Así que después de una tarde en la playa y una rica cena, caimos rendidos bajo las estrellas. Por si quedan dudas, NO, no vinieron los caimanes a visitarnos
Al levantarnos fuimos a darnos un baño y desayunar a la playa, y ya estábamos listos para volver a hacer la caminata de regreso por el bosque para salir del parque y ponernos en camino hacia la legendaria Cartagena de Indias.
Cartagena es una ciudad grande y de contrastes, hay que aclarar que la vida dentro de la muralla y afuera es muy distinta. Afuera hay caos de tráfico, suciedad, casas y edificios mediocres, y una especie de centro financiero con algunos rascacielos. Por el contrario, la muralla contiene casas coloniales reformadas y lujosas, calles coloridas y limpias, impresionantes iglesias y restaurantes para todos los gustos.
Dentro de la muralla nos alojamos en casa de Lucy, un hotel en una casa colonial preciosa y que tenía desayunos riquísimos, y recorrimos la ciudad amurallada conociendo iglesias, museos, casas de antiguedades y deliciosa comida. Lo mejor, la gente, su alegría y viveza, que nos dieron buenas charlas y risas. Cartagena de Indias ha sido el destino final perfecto para terminar nuestro viaje de 5 meses y despedirnos de Sudamérica por el momento.
Ya en el aeropuerto en Bogotá nos despedirnos de Carlos Bernal (representante de la economía azul en Colombia) antes de poder unas maravillosas nubes que nos despedían.
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